23 ene 2009

Mi compañero de trabajo

Gracias "Rakel", esta historia es toda tuya, espero que te guste.

Como cada mañana suena el despertador, es lunes, las 8.00 am, empezamos la rutina. Me siento en el borde de la cama mientras intento despejarme, su mano roza mi espalda desnuda. La aparto desganada con cuidado de no despertarle.

Elijo el conjunto de hoy cuidadosamente. Recuerdo con una sonrisa tu forma de mirarme el viernes a última hora. Tomo una taza de café para empezar la semana con fuerza. Menos mal que no hay atasco-, pienso.
Llego a la puerta del edificio, estás hablando con unos compañeros, te miro de arriba a abajo pensando en la de cosas que te haré el día que consiga hacerte mío.
El uniforme te queda como un guante, resalta tu espalda fuerte y marca ese culito respingón que me hace perder la cabeza. Veo asomar las esposas del cinturón y se me ocurren mil formas de jugar con ellas... Paso lentamente por delante, para que te de tiempo a ver el coche.
Aparco y hago tiempo hasta que te quedas solo. Con paso firme y decidido me paseo delante tuyo, me abres la puerta y te guiño el ojo. - ¿Qué tal el fin de semana, guapa? - Lo de siempre, esperando proposiciones indecentes por tu parte - Ya, eso dices ahora, pero seguro que luego te echas para atrás... - Prueba un día de estos, ya tienes mi número, sólo márcalo, veremos que ocurre. - Sin dejarte responder continúo mi camino. Llego a mi mesa, aún no sé cómo he sido capaz de decirte eso... no me explico de dónde he sacado el valor.

La mañana es agotadora, el teléfono no para de sonar, la gente no hace más que poner reclamaciones y mi cabeza no está en su sitio, está pensando en mil y una cosas, menos en lo que debería estar.
Como un trailer de cine las imágenes pasan por mi mente, las discusiones con mi chico, las pocas ganas que tengo de verle, las malas caras, los deprecios por parte de los dos... Estoy harta de ese patán, casi he olvidado los meses en los que me mandaba mensajes por la mañana dándome los buenos días, cuando se presentaba en el trabajo a la hora de la comida sólo para pasar un rato juntos... Todo eso ha terminado, a penas se acuerda de nuestro aniversario y el beso de buenas noches lo da porque ya es costumbre, si no, ni eso.

Muchas veces había oído hablar de las crisis de pareja, pero ingenua de mi, pensé que nunca me pasaría, que yo nunca caería en la monotonía. Estaba claro que me había equivocado. Lo mío con mi chico era una crisis en toda regla y había llegado a un punto en el que no sabía qué hacer, si seguir intentándolo o buscar una válbula de escape.

Mientras daba vueltas al tema y atendía a los clientes, miraba por la ventana, el día se estaba poniendo gris y las primeras gotas de lluvia oscurecían el asfalto. Mierda, no he cogido el paraguas... Apareces en el escenario, con las manos enlazadas en la espalda, la gorra puesta y paseándote sin rumbo fijo. Hablas por el "walkie-talkie" y me olvido de los problemas con mi novio. Te miro sin pensar en nada, como una cría que ve pasar al chico del que está colgada en su scooter, embobada, pensando en cómo debe ser tocar tu piel, acariciar tus labios...

El día acaba por fin, llego a casa a la hora de la comida. En casa sólo está el perro, le sirvo el pienso en su plato y le lleno el cuenco de agua, me cambio y me pongo un chándal, cojo el iPod y la correa, las llaves y salgo a correr.
El perro sigue mis pasos, sin tirar, sin molestias, ¡hasta el perro da menos guerra que él!
El día pasa sin muchos cambios, como sola, hago la casa y me tiro a ver la tele, el perro babosea mi mano y juega conmigo. Fran llega a la hora de la cena. Lo único que acompaña al ruido de tenedores es la tele, me encanta ver CSI mientras ceno, él lo detesta. Quizá por eso me guste tanto.

Me voy a la cama e intento dormir pronto para que no venga a buscar "lo suyo". Vuelve a sonar el despertador, sigo los pasos de la mañana anterior, como un ritual. Mientras tomo el café en pequeños sorbos pienso que hoy es mi día, lo de ayer sólo fue el primer paso.

Tan guapo como todos los días, y aún con cara de sueño, hoy estás en la garita. Levantas la barra de entrada al parking y me sugieres que hoy comamos juntos. Ya sabes la hora a la que salgo -. Paso la mañana pensando dónde iremos, estoy como un flan, hace tiempo que no me siento así.
Llega la hora de la comida, te hago esperar unos minutos y me dices que coja el coche y te siga. No me quieres decir dónde vamos. Te sigo por las calles de la ciudad, te alejas del trabajo, entramos en una urbanización de pisos y chalets. No conozco la zona., pero es bonita. Sacas el brazo por la ventanilla indicando un sitio donde puedo aparcar. No tiene pinta de haber ningún restaurante por alli cerca, asíque...
Me haces una seña indicándome el camino. Atravesamos un portal en penumbra y abres la puerta de la que, imagino, es tu casa.
No pierdo detalle del salón, pero me llama la atención la forma en que está puesta la mesa. Un mantel blanco, reluciente, con sólo dos copas vacías. Te separas un momento de mi para ir a por el vino, lo sirves y me invitas a beber. Sentados en el sillón, vamos por la tercera copa, charlando de nuestras cosas, totalmente desinhibidos. me siento muy agusto a tu lado y noto el calor del vino subiendo por mis orejas.





Por fin nos callamos, y empezamos a besarnos como dos locos. Desabrochas mi camisa con prisa, mi bolso cae al suelo y se desparraman las llaves, el móvil, la cartera...
La falda ha sudido hasta la cadera, dejando libres mis muslos, que te rodean con fuerza. Cojo tus esposas, te miro con cara pícara, has captado la idea a la perfección. Esposas mis manos por encima de mi cabeza, estoy indefensa y sólo deseo que te aproveches de mí. Me penetras con fuerza, intento zafarme de las esposas para acariciarte, pero me es imposible, y eso me excita más.
Estoy perdiendo la cabeza, besas mi cuello, agarras mis caderas y me traes hacia tí.Acaricias mi muslo, recorriendo la pierna entera, las apoyas sobre tus hombros, sigues penetrándome, pellizcas mis pezones, juegas con ellos, te detienes para ver cómo endurecen, los muerdes, yo no puedo parar de gemir.

Terminas de quitarte la camisa, puedo ver tus abdominales bien formados, cierras los ojos mientras continúas en mi interior, sales un momento para darme la vuelta y ponerme a cuatro patas.
Con las manos esposadas, intento mantenerme, con cada una de tus embestidas me cuesta seguir en esa posición, mis pechos se sacuden, coges con firmeza mi pelo y echas mi cabeza hacia atrás. Giro la abeza buscando tus besos, nuestras lenguas bailan y se enlazan.

Vuelves a salir de mi para cambiar otra vez de postura, ahora soy yo quien te empuja, quedas tumbado en el sofá, me siento a horcajadas sobre tu miembro, de espaldas a ti, inclinada hacia adelante, marco el ritmo y la profundidad de la penetración, rozas mi entrañas, estoy caliente y mis músculos se contraen, dejándome sentir todo tu tamaño.

En el suelo, el movil no deja de parpadear y vibrar, no le hago caso, cierro los ojos y me dejo llevar por el placer que sube desde mi vientre. Estás aferrado a mi cintura, apretando tus dedos, marcándolos en mi piel.

Los dos anunciamos la llegada del ansiado orgasmo con un grito, mantengo la respiración y me quedo inmóvil para sentir el calor de tu cuerpo fluir por mi interior. Una risa nerviosa surje cuando noto tus palpitaciones, dando golpecitos en las paredes de mi cuerpo. Nos tumbamos relajados en el sofá, miro mi movil, que no hacía más que dar por saco.

¿Quién es? -preguntas. Fran, mi novio...- Nos quedamos en silencio mirando la pantallíta. Le miro de reojo y le beso. Guardo el movil en el bolso y me tumbo en el sofá. Nos quedamos dormidos. Cuando nos levantamos son las 21.14.

¡Mierda, nos hemos dormido!- Nos levantamos y nos vestimos lo más rápido posible, me despido de él con un largo beso, deseando que lo que ha pasado no cambien nada.

Llego a casa, Fran me espera impaciente, una bronca más. Me acuesto deseando volver a verte, la tensión sexual es palpable, y nuestras comidas juntos son cada vez más asiduas. Creo que mi relación ha perdido la chispa, pero contigo escapo de la rutina y vuelvo a sentirme como una quinceañera.

7 ene 2009

Con el sol...

Te conozco desde hace años y no dejas de sorprenderme, será que no te conozco lo suficiente...
El primer día que te vi me pareciste muy mono, agradable, encantador... pero ni te fijaste en mí, sólo tenías ojos para ella, mi amiga. Aquella tarde pasaron muchas cosas, risas y besos inesperados. Era tarde y Bea te convenció para llevarme a casa y así no tener que esperar el autobús. No le costó convencerte.

Volvimos a vernos al poco tiempo, en las fiestas de un pueblo cercano. Aquella noche el alcohol era el protagonista y yo muy joven. Se me fue un poco la mano con la botella, los minis, el J&B... Fue la primera noche que tu lengua entró en mi boca y desde entonces... no he sido capaz de sacarte de mi cabeza.

Anduvimos un tiempo que sí, que no, intentábamos vernos a menudo, nos llamábamos... pero nuestras vidas tomaron rumbos distintos. Pasamos por varias parejas e, inevitablemete, nos alejamos. Perdimos bastante contacto pero... seguías rondando muchos de mis pensamientos. Ójala hubiéramos dado un paso más, quién sabe lo que habría pasado...

Después de varios años, volvemos a tener contacto, pero no es lo mismo, tú tienes chica, yo chico... y moriría por tener algo contigo pero...
Por el momento te dejo entrar en mis sueños, dejo que tu presencia inhunde mi habitación y mi cruel imaginación me juega malas pasadas haciéndome creer que estás ahí, pero despierto y estoy sola, a oscuras, echándote de menos.

Ya estamos en Julio y el calor no hace justicia. Salgo al jardín con la intención de tomar el sol y refrescarme con la manguera. Coloco la toalla sobre la tumbona que descansa sobre el césped. Me tumbo de espaldas al sol, reposo la cabeza sobre los brazos y cierro los ojos, no he olvidado mi iPod, escucho música y poco a poco, con el calorcito, me quedo dormida. Otra vez tú. No hay manera de sacarte de allí. Por una parte quiero olvidarte, estás convirtiéndote en un suplicio. Me duele no tenerte cerca y sólo tenerte en mis pensamientos, me duele no besarte, no acariciar tu pelo, no mirar tus ojos. Me dueles tú.

Te haces dueño de la situación, desabrochas la parte de arriba de mi bikini, bajas un poquito la braguita y untas el bronceador suavemente, masajeándome. Relajo mi cuerpo y dejo que tus manos lo recorran.
Despacio, acaricias la espalda, siguiendo la forma de mi columna, bajas por los costados, besas dulcemente mi cuello, suspiro, sabes que ése es mi punto débil.

Giré sobre mí misma, dejando mis pechos al alcance de tu vista, acaricié tu nuca y tu pelo, sonreías. Acariciaste mi cara en un gesto de cariño y protección, me enternecía que hicieras aquello. Te recostaste un poco sobre mí para, por fin, besarme.
El sabor de tu boca era dulce, tus besos mimosos, tus caricias tímidas. Como si fuera la primera vez que dábamos rienda suelta a nuestro deseo, recorrimos con millones de caricias curiosas nuestros cuerpos. Lentamente, conociendo cada milímetro, comprobando la reacción del otro. Se me eriza la piel al recordarlo.

Tus palabras me llevan a un mundo paralelo donde no existe nada más. Besas mi garganta, bajas por mi tronco, te detienes en mis pechos. Los saboreas, juegas con ellos, la dulzura da paso a la pasión. Cierro los ojos, anhelo el fuego de tu cuerpo.
Tu cuerpo sobre el mío, guardaremos el secreto, desabrochas con calma los lazos de la braguita del bikini, lo retiras dejándome totalmente desnuda. Besas mi piel caliente por el sol.
Buscas la entrada que te llevará a un laberinto de sensaciones. La yema de tus dedos da con ella. Estoy totalmente lubricada, deseando que explores cada rincon en la más silenciosa oscuridad. Un leve gemido rompe el silencio, urgas, palpas, noto los muros de mi vagina contraerse para atraparte dentro. Quiero más.

Te miro fijamente, el movimiento que realizas hace que muerda mi labio, me quema el cuerpo. Mis manos no pierden el tiempo y buscan la razón que calmará estas ansias. También tú estás preparado. Firme, duro.

Termino de desnudarte, ahora si. Abro mis piernas para recibirte, entras sin ninguna dificultad. Hacía tiempo que lo deseaba... Te beso, te abrazo, araño levemente tu espalda, cogo tu cintura, te atraigo hacia mí. No quiero que te separes, quédate a mi lado. Mueves tu cintura, rozo a locura... suspiro y gimo, el placer me llena, arqueo mi espalda para que me penetres más profundamente. Acaba con mi tormento.

Se acerca el orgasmo más deseado de mi vida, se anuncia suave, caliente, dulce y abundante. Cierro los ojos con fuerza, me muevo, ¿lo sientes? - Ahhh... ¡Mmmm!, sí...
No acierto a hablar con claridad, sólo atino a gemir y emitir sonidos incomprensibles. Me encanta. No tardas en vertirte en mis entrañas. Vuelves a besarme antes de desaparecer.

Abro de nuevo los ojos, miro a mi alrededor, no te encuentro, era otra estúpida fantasía. Me muero por estar junto a tí. Guardo el recuerdo con la esperanza de cumplirla, algún día... - Lo siento...- Me digo a mí misma, siento seguir queriéndote en silencio.

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